domingo, octubre 18, 2009

Corea, día 6: Turismo por los palacios


El último día en tierras coreanas comenzó con un sol espectacular asomando por las montañas que rodean Seúl. Tras reponer fuerzas y tejido intestinal con unos buenos espaguetis con tomate (hay un límite a la cantidad de picante que uno puede tomar al día), Lisero y yo nos cogimos el metro para dirigirnos a Gwengchuyeon, uno de los cinco palacios reales que se pueden visitar en el centro de la capital coreana. Un contraste peculiar de antigüedad y tranquilidad en medio de rascacielos y tráfico. Entre esta visita y el viaje en taxi de ayer al barrio de Hongki, te puedes dar una pequeña idea de lo inmensa que es esta ciudad. Y es que decir 12 millones de habitantes (4 veces Madrid) igual transmite la visión que es recorrer kilómetro tras kilómetro y no ver más que apartamentos y torres de pisos, cero urbanizaciones, cero casitas, así como Daejeon era un urbanismo más caótico esto es la densidad hecha extrema.

En cuanto al palacio real, es como la versión asiática de un castillo medieval. Cruzar la muralla desemboca en una enorme explanada abierta, coronada por una torre estilo pagoda que venía a ser como la principal zona de audiencias del rey, estilo torre del homenaje. A su alrededor, mucha extensión verde y pequeños edificios sueltos que realizaban diversas funciones (residencias de sirvientes, almacenes, etc…). Una peculiaridad que tienen estos edificios es que están diseñados para ser calentados por “ondol”, que viene a ser algo así como calefacción del suelo a través de canales alimentados por chimeneas situados entre en el entresuelo de la construcción.

Tras la visita cultural, cómo no, nos fuimos de compras, a una zona cercana llamada Insadong, una calle peatonal llena de tiendas de antigüedades principalmente, y diversos puestos de comida. Lo mejor fue una tienda llamada “mm/mg”, millimeter milligram, una especie de papelería de diseño, súper original, donde nos dejamos los pocos wones que nos quedaban tras la semana. Para cenar nos clavamos un buenísimo “bibimbap” en un pequeño sitio familiar, donde comentábamos la sensación extraña, mezcla de globalización y de vivir como en el futuro que nos daba Seúl, un poco difícil de explicar.

La última noche volvimos a la zona universitaria, y esta vez nos metimos en un club con temática árabe que puede ser uno de los sitios más increíbles que haya visto nunca. Metido en un sótano, con las paredes estilo arcilla, te descalzas al entrar y entras como en una especie de cuevillas excavadas puestas a dos niveles, con alfombras, cojines y una mesa con cachimbas, mientras el Dj hace un repaso a los “greatest hits del techno-zapatilla” para acabar a las 5 de la mañana con Manu Chao. De ahí, vuelta al piso de Robynne, recoger todo y coger el autobús para llegar a las 7 de la mañana al aeropuerto de Incheon, donde dentro de un par de horas cogeré el vuelo que 16 horas después (con escala en Ámsterdam) me devolverá a tierras madrileñas. Y nada, se acabó una semana genial en un país apasionante, que sin duda en algún futuro volveré para visitar con más tranquilidad. Un saludo a todos!

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Corea, día 5: Couchsurfing en Seúl


Tras un despertar un tanto tardío y un paso fugaz por el congreso, que ya lo estaban recogiendo, me dirigí a la ultramoderna estación del KTX (AVE coreano) de Daejeon, para pillarme el tren que me llevaría hasta la capital surcoreana, Seúl. Allí me pillé el metro (fun fact: el metro de Seúl tiene mamparas de cristal para que la peña no se tire/caiga en los andenes) y me fui al barrio de Ssaengum, donde me encontraría con mi colega holandés, Lisero, para ir al piso de una chica surafricana donde nos quedaríamos a sobar este finde haciendo un poco de "couchsurfing", ya sabéis, eso de que te apuntas en internet y dices que tienes un sofá disponible para quien haga falta. Resulta que la chica ésta, Robynne, está trabajando de maestra de inglés en una escuela de Seúl, al parecer hay una comunidad bastante grande de extranjeros haciendo esto.


Tras tomarnos un vinito en el pasillo del edificio, esperando a que terminase de llover, nos fuimos a cenar a la zona universitaria de Hongki, en teoría bastante popular entre la gente de nuestra edad (efectivamente, estaba petated, mezcla de gente local, turistas y tíos con pinta de ser soldados yanquis de permiso). Allí cenamos en un restaurante coreano junto con otro holandés, Laurens, un amigo de Lisero que acababa de llegar de Nueva York, y nos metimos entre pecho y espalda una buena sopa de pescado con el siempre presente kimchi, por supuesto.

Después pude comprobar una vez más como lo mejor de estos viajes es encontrarse a gente, ya que al entrar en un garito a tomarnos una cerveza justo salían una pareja de occidentales, él con una pinta de holandés (alto, con el pelo naranja) inconfundible y ella una americana también trabajando de profe. Lo raro no es eso, lo raro es que después de que le digas que eres de Argentina, el holandés te responda con un “ché, boludo”, jajajaja, resulta que había vivido el año pasado en Buenos Aires y había quedado enamorado de la ciudad. Así que acabamos metiéndolos otra vez para dentro y nos quedamos allí intercambiando historietas un buen rato.

Para rematar, Robynne nos llevó a una tetería genial, un sótano de mármol quebrado por una serie de canales y pequeñas mesas para estar tirado en el suelo, el sitio perfecto para relajarse tras un día largo. Una cosa que me llamó la atención es el cuidado de la decoración que tienen los bares, con las fotos de la tetería os podéis hacer una idea, pero así son la mayoría, se nota que los coreanos le echan horas y se lo curran. Mañana, un poquito de turismo por los palacios de Seúl.

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sábado, octubre 17, 2009

Corea, día 4: Azafato por un día




Último día en Daejeon antes de irme para Seúl, y hoy tocaba estar de azafato vendiendo las bondades de las universidades holandesas al nutrido público ingenierístico. Y nada, ahí nos echamos el día los que quedábamos, ya que se empezaba a notar que no queda mucho congreso y la gente empezaba a irse. Por la tarde-noche la organización había montado una fiesta para los estudiantes en una explanada justo afuera del centro de convenciones, y repente salieron 5 coreanos loquísimos estilo Fama en un escenario haciendo breakdance a lo bestia. Aparentemente aquí el breakdance es muy común y hay la leche de competiciones y demás...ya sabes, Paula Vázquez, cuando te quedes sin catalanes tatuados te vienes a Corea y te pillas a un par para enseñarles lírico... Después de esto, a eso de las 8 de la noche, salió un dj y empezó a meter zapatilla como mogólico, un poco tempranito la verdad, a los japoneses no les importaba mucho porque se pusieron a saltar y a hacer el garrulo, la mitad vestidos con kimonos tradicionales. Very folcloric. Por la noche nos metimos en el Beer Garden ese otra vez y se terminó como siempre acaban las reuniones de ingenieros frikis, alguien cogió el karaoke por banda... yo procuré mantenerme a distancia, que no quiero que me deporten todavía. Mañana, Seúl!

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jueves, octubre 15, 2009

Corea, día 3: Presentation day



La presentación fue esta mañana, la hice en una sesión llena de asiáticos que no hablaban ni una palabra de inglés (yo era el único no-rasgado, quitando los chairmans, dos yanquis y un hindú). Las preguntas, por tanto, vinieron de ellos, en una hice la clásica 13-14 ("son cuestiones que afrontaremos en un futuro, no todavía") y otra la pude responder. Flipante lo poco que habla inglés esta gente. He llegado a ver como americanos en perfecto inglés les preguntan algo después de la presentación y los tíos se quedan callados porque no entienden la pregunta. En la mayoría de las presentaciones vuelcan todo el texto y se limitan a leer la pantalla. Divertidísimo. Como chupar clavos.


Para comer nos juntamos con una gente de Stuttgart que conocíamos de un evento friki del año pasado, y nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores. Al parecer, la cantidad de edificios raros que hay cerca es porque en 1993 se celebró la Expo en Daejeon (como la Expo de Sevilla en el 92) y tienen toda clase de pabellones y demás que ha quedado de entonces. Como en Sevilla, está medio abandonado y es una estampa bastante rara, como si fuera un pueblo fantasma del futuro. Hay un pequeño parque de atracciones y nos metimos a dar una vuelta en la montaña rusa que tenían por ahí (que tuvieron que abrir para nosotros, prácticamente). Un poco de folclore que nunca viene mal.


Para cenar decidimos arriesgar nuestro sistema digestivo una vez más y tras pasear un poco por el mundo de neón, nos metimos en el sitio más lleno de gente que vimos, todo de madera menos el techo, empapelado con mangas coreanos. Nos sentamos, cogimos nuestros palillos de metal (sí, aquí son de metal) y nos pasaron el menú, que venía pegado sobre un disco de vinilo del Georgie Dann local (no me puedo inventar estas cosas). Todo en coreano sin fotos. Nadie habla inglés. ¿Qué comemos? Por suerte, teníamos un pequeño libro de frases útiles, le dijimos que nos trajera "su especialidad" y tuvimos suerte, eran como albondiguillas aplastadas con vegetales y salsa no muy picante, para variar. Más cosas diferentes de los restaurantes coreanos: la cuenta va pegada a la mesa con un imán, y van escribiendo lo que pides. Para pagar, la coges y la llevas a un mostrador que hay en la puerta. La mayoría de platos son para compartir, no pides sólo para tí. Normalmente se puede ver como cocinan, no está tan separado como en Spain.


Nos fuimos a tomar una caña por ahí, y ahí va otro dato gracioso. No hay bares en Corea a ras de calle. Es decir, siempre están en edificios del segundo piso para arriba. Y claro, no tienes ni idea de donde te metes, encima todo está anunciado con neones locos que cada sitio parece un centro comercial de putis. Pero bueno, vimos cual oasis en el desierto unas letras occidentales "Beer Garden" en el cuarto piso de una casa, y decidimos meternos, era un bar normal con temática alemana (y posters de Titanic, kitsch a saco). Las mesas tienen agujeros refrigerados para meter la cerveza, gran idea, en Madrid podíamos meter a algunos cuando su nivel de calentura se pone en nivel volcán... Mañana último día en el congreso, ya os contaré. Annyeonghi gaseyo (reverencia).

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miércoles, octubre 14, 2009

Corea, día 2: Empieza el guateque


Bueno, se acabó quejarse del viaje y ahora hay que ponerse las pilas para el congreso. El bus de por el día me dio la oportunidad de ver un poco más la ciudad sin el neón, y la verdad es que tampoco hay mucho que ver. El urbanismo coreano es un tanto peculiar en el sentido de que mezclan un poco de todo, puedes encontrar rascacielos gigantes que parecen ciudades en miniatura y al lado cuatro casitas enanas que deben de vivir en permanente eclipse. Es como si estuviera hecho todo un poco a lo loco. La parte del congreso es un poco como IFEMA en Madrid, está separado de la ciudad, a 5 minutos, todos edificios nuevos mega frikis arquitectónicos. La cosa está montada en plan dos escenarios separados, el centro de conveciones, donde las diferentes sesiones técnicas tienen lugar (y las presentaciones), y luego la sala de exposición, donde las empresas y las universidades tienen sus stands para hacer publicidad, relaciones públicas, vender cositas, etc...



Lo primero que hice fue dirigirme al stand de mi universidad, TU Delft, para encontrarme con Lisero, un colega de la uni que también está presentando por aquí, y con los profesores para ver un poco como iba a ser el plan de estos días. Básicamente, tenemos que estar enchufados en el stand hablando de lo puta madre que es la uni, lo alto que son los holandeses, bla bla bla, etc, etc, etc. Pero bueno, aprovechamos para dar una vuelta por ahí y ver los stands de las agencias (NASA, ESA, JAXA) que estaban bastante currados. La mañana se nos pasó en un momento y luego yo por la tarde fui a ver un par de presentaciones de compañeros de trabajo, me tuve que comer una de un ruso que era como el estereotipo perfecto de ruso loco, hablaba como un comandante chungo de la KGB sacado de una peli. Una cosa que me sorprende es lo poco que hablan inglés la gente asiática, tanto los coreanos, como los japoneses y los chinos. Hay muchas presentaciones que directamente no se entienden, y lo que hacen es poner todo el texto en la pantalla y se limitan a leerlo.


Una vez acabado el congreso, Lisero y yo nos cogimos un taxi y nos fuimos a cenar a un restaurante típico coreano de carnaza. Aquí las mesas vienen como con una especie de barbacoa/hornillo puesto en la mitad y te traen la carne cruda, le dan al butano, y tu te la vas haciendo a tu gusto. El problema es que hasta la puta sopa que te ponen de primero está picante. En serio. Imposible comer. Estábamos sufriendo como perros al segundo bocado, y encima todo sabe igual, a picante brutal, no notas diferencia. Pero hay excepciones, para comer nos metimos un "bulgoki" que estaba cojonudo, tiras de carne con arroz y un poco de kimchi, que es como col con picante, pero soportable. Y nada, una cervecita por la noche con el resto de españoles (que son multitud, sobre todo de la UPC) y a revisar la presentación que ya toca mañana. Nos vemos!

p.s: regalaban latitas de estas en la entrada. Una de las peores mierdas que he probado nunca, y todavía no se lo que es. Por la imagen parece jugo de pez globo o algo así. El donde fueres haz lo que vieres está haciendo estragos en mi estómago.

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lunes, octubre 12, 2009

Corea, día 1: Llegada a Daejeon




Son las 22:39 hora coreana, y 21 horas después de coger el avión en Barajas (o 28 si tenemos en cuenta la diferencia horaria) por fin estoy asentado en mi hotel en Daejeon. ¿Y qué hago yo aquí? Pues ná, que este año el congreso friki anual de astronáutica se celebra en esta ciudad, situada a unos 150 km al sur de Seúl, en medio de la península coreana, donde nadie habla inglés y en la tele están poniendo partidas de Starcraft en directo.

Y las comentan.

El viaje no estuvo mal. Me toca un poco las narices que guarden los aviones nuevos para las rutas de Londres o Frankfurt, y para los de Madrid te pongan el best of the 70s, sin enchufe pal ordenata ni pantalla individual, pero la comida estuvo genial. Nos pusieron un "bibimbap", un plato tradicional coreano con arroz y verduras y temarios varios (picante todo) que estaba muy fino. Y con eso, un par de pelis en el portátil y 3 o 4 horas de sueño aterrizamos en Incheon, el aeropuerto principal de Corea, cerca de la capital.

Ahí la organización del congreso (excelente, pero no hablan mucho inglés) nos tenía un bus preparado (aparte de mí, había un par de profesores viejunos noruegos y canadienses) para realizar los 200 km más o menos hasta Daejeon. En la carretera pude tomar mi primer vistazo de este país loco, y nada, muchos rascacielos, carreteras buenas estilo M-40 (sí, con atascos tb). Lo mejor fue el área de descanso donde paramos (fly speed smile service, gran nombre), enorme, lleno de puestos de noodles y demás comida que no tengo ni idea como se llama (lo único que está en caracteres occidentales son los números, por suerte hay fotos).

Dios mío han pasado de jugar al Starcraft a un juego de lucha y hay una coreana loca que no para de gritar...


Tras pasar por el congreso para registrarse y que te den la bolsa llena de mapas y publicidad, llegué por fin al motel Polaris, centro de operaciones para esta semana. La verdad es que pa ser lo más barato que había (40 euros día) está de lujo. Tiene tele brutal gigante enchufada a un ordenador de sobremesa (?!?!?!), sofá, bañera, etc... Para entonces ya eran como las 8 de la noche (oscurece a las 6) y decidí dar una vuelta por los alrededores para echar un vistazo y cenar en algún lado. Es raro, no hay casi farolas, y la iluminación de las calles viene sobre todo de los letreros de neón que están por todas partes y los faros de los coches... Al final para cenar decidí no jugármela (el "bibimbap" ya estaba haciendo de las suyas) y me metí en un Pizza hut. Mañana probamos comida coreana a saco. Buenas noches gente!


p.s: no quiero pensar lo que puede ser un "playground" "business room" ahí arriba...

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